viernes, 19 de enero de 2018

FEMINISMO Y MISOGINIA: ¿UNA GUERRA FRÍA?

Tengo la impresión de que hoy en día referirse a los hombres y las mujeres y a su papel en los movimientos sociales o en el terreno de la justicia humana puede acarrear frondosas discusiones o, si no se tiene cuidado, dar lugar a lapidaciones espontáneas y a consignas anacrónicas. Como si en realidad hombres y mujeres agotaran la diversidad sexual y representaran los polos absolutos del género humano, como si ambos conformaran los dos ejércitos involucrados en una guerra fría que amenaza con estallar por el motivo más inesperado: ¡El Terror! Todo movimiento político, más allá de las causas que lo mueven o justifican, suele ser acompañado de un determinado y minúsculo contingente radical que puede llegar a crecer al punto de olvidarse de los propósitos originales y socavar una posición política positiva hasta el grado de tornarla peligrosa, injusta o ridícula (en el mejor de los casos). La militancia cerril es ajena a mi persona, pero eso no me impide simpatizar con casi cualquier movimiento o aglomeración social que defienda a los habitantes más débiles: sean estos, niños, ancianas, hombres, ciegos, mujeres, chaparros, altas, gordos, flacas, con mirada de águila o lechuza, con pies planos o amputados, con semblante de mosca muerta o avispados y etcétera: todo aquel que sea objeto de crueldad, acoso, violencia, extorsión, o sea excluido de los mínimos bienes que ofrece la civilización y el progreso ético tendría —por decoro, al menos— que ser defendido contra aquellas sabandijas que se aprovechen de su condición indefensa. Es a raíz de tal imperativo que cualquier movimiento que haga alusión a la debilidad e intente equilibrar —política o socialmente— tales diferencias tiene mi adhesión, pero no el voto a ciegas, pues de hacerlo cometería yo un error fundamental: disminuir o despreciar la diversidad, complejidad y la conversación humanas para reducir a sus participantes a ser las piezas de un juego tiránico en donde yo decido quien representa el mal y quien el bien. (Recordarán la terrible y reveladora frase que pronunció el nazi H. Göring cuando le solicitaron clemencia para una víctima: “Yo decido quien es judío, y quien no.”) El extremista o tirano en potencia adherido a cualquier movimiento social cuyas causas son legítimas termina exclamando, como Göring: “Yo decido quien vive y quien muere; quien tiene derechos y quien no, quien es misógino y quien es un aliado de nuestro ejército”.    
     Antes de que alguien se considere un libertador o defensor a ultranza de cualquier causa, primero debería mostrar sus dotes de humanismo (credenciales, sí), su capacidad de tolerancia y sus reales propósitos de extender la libertad. ¿Qué clase de libertad? La que supone construcción de límites inteligentes y no un elemental salto de obstáculos o un mero quitarse de encima lo estorboso. Esta última clase de libertad terminaría siendo parecida a un torbellino que lo arrasa todo y destruye cualquier edificación. Un misántropo (no misógino) como lo soy yo, testigo de la lluvia actual de consignas extremistas o fascistas de cualquier clase, y luego de cavilar y mirar de cerca el asunto, responde siempre al guiño fascista alzando la voz y diciendo: “No estoy de acuerdo”.  (Tal parece que la dulce ataraxia me está vedada).
     Cuando pienso en El libro de Genji escrito en el siglo XI por la escritora japonesa doña Musaraki; o en Marie de Gournay, escritora y ensayista audaz del siglo XVI y quien vivió una de las épocas más oscuras y sangrientas consecuencia del antagonismo religioso europeo; o me detengo en todas aquellas mujeres cuya obra artística o talento científico o filosófico ha sido notable (Susan Greenfield, Carson McCullers, Inés Arredondo, Virginia Woolf, Hannah Arendt, Martha Nussbaum… y un agotador etcétera) no se me ocurre compararlas u oponerlas a los hombres (como si todas ellas conformaran una entidad sin fisuras o un concepto sólido) porque tal hecho representaría, ya en sí, un desacato racional e intuitivo colmado de una candidez insoportable a mi edad. Hacerlo no haría más que aceptar las reglas de un juego y estado opresivo: la división de un mundo despótico entre hombres y mujeres que rivalizan haciendo a un lado la existencia de individuos y seres singulares. Resistirme a abordar al arca de Noé me hace más libre y me da distancia para observar y actuar. Si ustedes leen en París era una fiesta, de Ernest Hemingway la sacudida y aporreo que le da Gertrude Stein al más famoso de los escritores de la Generación Perdida, comprenderán a lo que me refiero. La señora Stein daba unos juicios abominables respecto al sexo, que dejaban temblando a todo París; sin embargo, había experiencia, sabiduría y arte en sus juicios, por demás tajantes. Uno puede estar de acuerdo con ella o no, pero eso carece de importancia cuando se piensa que ni Stein ni Hemingway se deseaban mutuamente la horca.
     No veo más enredo: mujeres, hombres y géneros restantes tienen que gozar de igualdad ante las leyes cuya redacción o contenido ha de tomar en cuenta la especificidad propia de cada minoría. En una democracia efectiva el respeto por las minorías o por quienes son diferentes le otorga calidad a las mayorías. Que un rinoceronte apelmazado como Trump —por ejemplo— encarne él mismo en un disparate racista, misógino y ordinario ha alentado una respuesta feroz legítima, pero que no tendría por qué ser extendida al resto de los hombres que no se comportan como él. Quien cometa este elemental tropiezo, mezcle sin medida y lance piedras a ciegas se descubrirá a sí mismo como un extremista cuyos motivos de lucha seguramente estarán velados a los demás por ser profundamente subjetivos. No conozco una especulación o filosofía de la mente respetable que divida a la conciencia o al sujeto de la experiencia en rosa o en azul. Su trabajo es examinar el yo y sus vaivenes epistemológicos, no decirnos que un cerebro es mejor que otro. ¿Y que sucede en la realidad? ¿En el mundo cotidiano y callejero?, habrán de preguntarme. Me parece evidente que un hombre que acosa, hace uso y obtiene provecho de su fuerza bestial y humilla a las mujeres es, civilmente, un criminal. Y “hay que darle”, como diría mi madre.        

Guillermo Fadanelli    

viernes, 27 de octubre de 2017

El billar de los suizos

Libro publicado





EL BILLAR DE LOS SUIZOS
Libro de crónicas de Guillermo Fadanelli.

Cal y Arena. 2017


Lo poco que me es posible prometer aquí es que si mis crónicas se leen con buen ánimo y sin mala leche entonces el viaje será compartido y nadie se arrepentirá. “La gente no es mala si tiene espacio donde moverse”, se escucha decir a un personaje en Hotel Savoy, la novela de Joseph Roth. Mas yo añadiría que el espacio en donde uno puede moverse se relaciona más con la libertad, la curiosidad y la imaginación que con el espacio mismo (en el espacio lo extraño es mera continuación de lo conocido). De lo contrario, lo más conveniente habría sido, en mi caso, realizar un viaje de cuarenta días alrededor de mi habitación y no exponer a los otros al mal rato de mi presencia y compañía. Aunque en general fui un viajero solitario, no grato y modesto llegué a urdir amistades que hicieron de mi vagancia algo memorable o, al menos, un suceso digno de recuerdo. Es posible que muchas de ellas no me guarden en su memoria, ya que ejercí con mucho cuidado la sana acción de pasar inadvertido —hasta donde mi temperamento lo permitió—, mas a todas estas personas, intensas y ocasionales, dedico este libro de crónicas.


EL BILLAR DE LOS SUIZOS UN MANUAL PARA EL BUEN VAGO. YACONIC.
http://www.yaconic.com/el-billar-de-los-suizos/

En Cal y Arena
https://edicionescalyarena.com.mx/libros/el-billar-de-los-suizos-memorias-atendidas/

sábado, 18 de febrero de 2017

SOY UN PESIMISTA Y CREO QUE NO HAY REDENCIÓN

Entrevista a Guillermo Fadanelli por Alida Piñón.

El Universal. 18 de febrero de 2017.

El escritor Guillermo Fadanelli acaba de publicar su nueva novela AL FINAL DEL PERIFÉRICO en la que aborda su adolescencia al lado de sus amigos. Es, de acuerdo al propio autor, un libro sobre la memoria y la literatura, en el que ha buscado compartir sus recuerdos y vivencias ocurridas durante los años 70.

Sin embargo, advierte que la biografía es un mito porque la memoria es más un pasado emocional que preciso. Es una obra sobre un México inexistente, sobre un país que soñaba con el progreso y comenzó a poblar y a conquistar territorio desconocido en lo que entonces era la orilla de la gran urbe. Allá donde había vacas ordeñables y niños que exploraban su sexualidad y se entregan a sus instintos más primitivos, o as sus deseos más oscuros como matar a sus padres.

La portada del libro es una vieja fotografía del archivo de Guillermo Fadanelli, tomada por él mismo. En la imagen aparece su hermana posando al lado de una bicicleta Venecia. Su sombra y su hermana aparecen en el final del Periférico, con Cuemanco de fondo. Una imagen que captura un tiempo perdido, ahora recuperado literariamente en esta novela editada por Random House.

¿La novela inicia con un adolescente que amenaza con una arma al compañero de clase por tener encerrada a su hermana. No disparará. Hoy, vemos a adolescentes que sí lo hacen. El mundo cambió. ¿Hoy es distinta la violencia?

GF: La novela se ubica en lo que en ese entonces era residencial Coapa, en una época en la que comenzaron las prótesis de las ciudades. La idea de los paraísos y de la marginalidad. Todos esos niños iban a buenos colegios y estaban condenados a ser felices, a tener una vida de éxito. Pero se confabulan para matar a sus padres. Es una metáfora, es disparar contra la felicidad y contra la seguridad, contra la posibilidad de tener todo resuelto. Ciudad Satélite, Residencial Coapa y lugares así, representaban la vida americana dentro de la Ciudad de México en los años 70, eran los suburbios. Y el suburbio es un terreno de ambigüedad, perteneces y no, te has separado del núcleo y sin embargo vives del núcleo. Estos niños bárbaros, primitivos, por más buena educación que tuvieran, se les ocurre como a cualquier adolescente, deshacerse de sus padres. Es la narración de una época en la que todo puede suceder. La imaginación comienza a tomar camino. No había un odio colectivo hacia los padres, eso es una farsa literaria, pero sí había una animadversión contra la idea del éxito, hay una parábola contra la idea del éxito. Las familias son nidos de conflicto, de sufrimiento y de rencor. Pese a que tengo una familia perfectamente desordenada, en ese entonces se cultivaba a los propios verdugos en el seno de su casa. No he puesto tanta atención en las armas sino en una especie de comunidad sombría, alejada en el fin del periférico, que representaba los ideales marchitos de una sociedad que quería progresar. Arriba y adelante era un lema de Luis Echeverría, hoy podemos constatar que fue abajo y atrás, desde entonces.

Era una zona en la que no había casi nada. Alejada y desolada.

Mis amigos y yo íbamos a ordeñar unas vacas. Era un desierto. No he vuelto a esa zona, nunca. No lo he hecho porque mis padres murieron y soy un hombre cobarde por naturaleza, no vuelvo a la casa que hoy es una tumba. Los recuerdos me destrozarían...

Continúa en:
http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2017/02/18/soy-un-pesimista-y-creo-que-no-hay-redencion

lunes, 2 de enero de 2017

EN BUSCA DE UN INFIERNO HABITABLE


ENTREVISTA POR REVISTA DARE-ALEMANIA


EN BUSCA DE UN INFIERNO HABITABLE

Por Frank Steihofer (Spiegel, Süddeutsche). 2 de enero de 2017.

Guillermo Fadanelli es uno de los escritores contemporáneos más importantes de México. Calca en su prosa la soledad y la resistencia humana al organismo caprichoso: la megaciudad. Una conversación sobre el amor y la vida en el monstruo de la Ciudad de México.

DARE: En Europa las preguntas grandes son preguntas de bienestar individual, de sentirse bien. Aquí, en la Ciudad de México, es una cuestión de supervivencia. ¿De verdad?

GF:La Ciudad de México no es en realidad una ciudad. Es un territorio ocupado por diversas corrientes y fantasmas históricos, sociales e individuales. También es un orfanato público. Quienes la habitamos somos una especie de huérfanos de las instituciones sociales las cuales en su mayoría están lastimadas por la corrupción y la ineficacia.

En consecuencia cada quien construye un mito acerca de la ciudad y así recorre la calle o el espacio público sin protección real o civil – la policía no es confiable. La malicia personal, la intuición, el temperamento, o la buena suerte nos ayudan a sobrevivir.


En alemán:
DIE HÖLLE IST BEWOHNBAR

sábado, 3 de diciembre de 2016

Entrevista 2016


Provocador y destroyer. Discusión con Guillermo Fadanelli.
Por Héctor Iván González.

Héctor Iván González: Gracias por aceptar esta discusión, estimado Guillermo. Quisiera empezar con una pregunta, en apariencia muy simple: ¿Por qué escribes?
Gillermo Fadanelli: Es una pregunta imposible de responder, de hecho su respuesta tendría que hallarse en la acción misma de la escritura; pero te digo lo primero que me viene a la mente: “Escribo para continuar la primera frase”. O también: “Escribo porque deseo aprender a maldecir”. Me parece una causa digna, ya que para ser un hombre bueno bastan las acciones. Y además no sé maldecir como se debe. Mi madre sabía hacerlo muy bien: “Ojalá las ratas me hubieran comido el vientre cuando dormías allí dentro”, algo así decía. Recuerdo sus palabras y la envidio. Yo no me he acercado siquiera a la pureza de sus anatemas. Yo sólo sé… fingir. 
HIG: Cuando uno te lee, cuesta trabajo distinguir entre tu voz y la del narrador, desde las teorías narrativas uno da por hecho que no son la misma cosa. Tu narrador se caracteriza por introducir algunos monólogos, algunas percepciones, ciertas impresiones a manera de ensayos; incluso en Lodo tu personaje, Benito Torrentera, sugiere que hay una gran similitud, una gran proximidad, entre la novela y el ensayo. Sin embargo, ¿cómo te sientes con la voz narrativa que adoptas? ¿Cómo la concibes?
GF: No me planteo esa diferencia. Creo que en mis relatos de ficción hay sólo una voz y ésta es la suma de todos las personas que viven dentro de un escritor y que sólo pueden ser sospechadas a través de la lectura. Tal voz es discordante, heterogénea y cambiante, mas si es honrada prevalecerá, porque ha sido creada por un impulso irracional y una necesidad que no requiere explicarse, sino ordenarse a sí misma y extenderse. Yo no utilizo las novelas para disfrazar ensayos, pero no me importa que ambos géneros se confundan o entrelacen en una obra. Si hacemos caso a la distinción que planteas yo diría, entonces, que la voz del narrador es la que se impone al autor por la razón de que la ficción literaria es lenguaje escrito, registrado y sólo interpretado por quien lee la obra. La voz del autor, si lograra aislarse, carecería de importancia literaria, pues dejaría de ser una mentira. En Humano, demasiado humano, Nietzsche dice que el individuo no es unidad, sino escenario y aventura; y quien lo interpreta se convierte en un viajero. Si intercambiamos la palabra individuo por literatura entonces tenemos una pista. 


viernes, 28 de octubre de 2016

ENTREVISTA 2016

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La revista A CONTRACORRIENTE, una revista de historia social y literatura de América Latina, publica la entrevista realizada a Guillermo Fadanelli por Emily Hind, University of Florida.

Aquí se puede leer la entrevista completa:

OTOÑO, 2016.
Inicio y fragmentos de la entrevista:

A pesar de los cinco libros de ensayos, unas seis colecciones de cuentos y las diez novelas, con
la undécima a punto de salir, y no obstante haberse quedado como finalista para el Premio Rómulo
Gallegos por Lodo (2002) y haber merecido el Premio Grijalbo para Mis mujeres muertas
(2012), Guillermo Fadanelli no atrae la atención de la crítica anglosajona. La base de datos de
MLA registra sólo diez artículos sobre su obra. La siguiente conversación contribuye tal vez la
primera entrevista académica con esta figura reconocida en las letras hispanas.
Emily Hind: Me intimida hacer esta entrevista porque oigo los chismes que circulan
en el mundo literario acerca de tus gustos por la cocaína y el alcohol.
Guillermo Fadanelli: N’ombre. No hago demasiada vida social con otros escritores.
Hay en esto de mi persona un poco de mito, debido probablemente a que no estoy
muy presente. Trato de mantenerme apartado. No me agradan las multitudes y
tampoco las reuniones de supuestos colegas, aunque no creo tener enemigos en el
medio de la literatura. Soy bastante tranquilo. No te preocupes, querida Emily.

EH: ¿Cuál es la relación entre droga y literatura?
Hind 307
GF: Bueno. Yo creo que es una relación tangencial. No es conveniente mezclar la
vida personal con la literaria. Tampoco soy un cronista de mis vicios, mas, eso sí, me
gustaría hacerme de más vicios. Y aunque en realidad poseo pocos creo que éstos
deben de ser bien cultivados, alimentados y bien tratados para que se conviertan en
virtudes. No sé si haya alguna dirección moralista en lo que acabo de decirte, pero
creo que un vicio bien tratado, aunque parezca mentira, es un vicio equilibrado y
equivale a una virtud. Existen tantos mitos al respecto de la relación entre drogas y
literatura y entre ellos se encuentra el mito del escritor que acude a las drogas o al
alcohol para escribir. Sirve la mesa con el fin de que sus vicios, los placeres
mundanos, el hedonismo, etc.…convivan y den vida a los personajes de su obra. Yo
intento no mezclar ambos mundos. Y además no me parece que el hecho de ser un
escritor alcohólico o drogadicto posea un valor por sí mismo. Me interesa un escritor
si escribe obras que me conmueven. Si además es un párroco de pueblo, o un
alcohólico ello es sólo una añadidura, una anécdota. En mi caso la relación entre
drogas y literatura no se ha presentado como un dilema importante. Lo que da
sustancia a mi escritura es el desasosiego, la necesidad de vivir e imaginarme otra
realidad. Hoy prefiero la soledad continua e íntima a la soledad demasiado ruidosa de
las noches largas.
      Hace veinticinco años fundé con un grupo de personas una revista
underground. Se llamaba Moho y los autores no firmaban sus escritos. Se trataba de una
revista en teoría sin autores, dadaísta, plagada de tintes oníricos y autobiográficos,
urbana en esencia, y digamos apasionada y juvenil: el cuerpo como campo de batalla,
el sexo, las drogas, las noches eternas, la autodestrucción—como si lleváramos a la
realidad las palabras de Pessoa, “Para comprender me destruí”. La comprensión vía la
autodestrucción. Tales impulsos se hallaban presentes en aquella revista que iniciamos
hace muchísimos años y que se tornó un punto de encuentro entre escritores, artistas
y personas comunes y corrientes. Sin embargo, mi vida como escritor, es más bien la
vida de un escritor solitario. Nunca asistí a un taller literario, pero no rehuyo a las
charlas sobre literatura. Cuando tengo que aparecer en público prefiero la
conversación a la conferencia. En fin, creo que el alcohol o la cocaína pueden
considerarse buenas formas de afectar la vida, aunque no la escritura, a pesar de que el
alcohol, por ejemplo, puede hacerte más sensible respecto a los estados del alma, al
temperamento espiritual, al conocimiento del ser humano y de su esencia, en caso de
que exista una esencia del ser humano, lo cual dudo. La literatura es un camino
distinto de la autodestrucción. [Se ríe.]
EH: Me parece curioso que durante las últimas décadas las leyes de prohibición
alrededor de las drogas continúen más o menos intactas, mientras que las prácticas
alrededor de la censura cambiaron.
GF: Sí, cuando menciono el tema de las drogas cito a Teofrasto Paracelso. Él
consideraba que el veneno era sólo la dosis. Yo creo que el término universal o
abstracto de drogas es mucho más inmoral que eficaz a la hora de describir ciertas
sustancias estimulantes. He escrito en apoyo a la legalización de las “drogas”, y
principalmente acerca del respeto que debemos mostrar por la decisión de todo
individuo a consumir cualquier sustancia mientras él no cause daño a los otros y
mientras no perturbe a la comunidad. Me parece importante conocer y reflexionar al
respecto de las sustancias que uno consume y estar conscientes de la relación íntima y
personal que uno establece con cada sustancia prohibida por el Estado. En el fondo
del asunto se encuentra la ausencia de respeto a la libertad individual y a los derechos
que el hombre tiene para ejercer sus capacidades lúdicas de la manera que desee. Y si
tuviera yo que dar una definición abstracta de literatura, diría que la literatura prolonga
el sentido de la libertad. Un escritor que es esencialmente libre a la hora de imaginar y
construir sus historias, tiene en consecuencia que oponerse totalmente al hecho de
que otros decidan acerca de aspectos tan íntimos en su vida como el consumir una
droga o beber un determinado licor. No estoy de acuerdo con la prohibición de las
drogas. Mas creo que es deseable una mejor educación pública y la existencia de
instituciones que regulen a los monopolios y verifiquen la calidad en el mercado de las
sustancias ahora prohibidas. El problema no son las drogas. El problema es la
patanería, la ausencia de diálogo, el salvajismo, el primitivismo civil y la imposición de
los prejuicios ignorantes. Los estados alterados me interesan como estímulos al
conocimiento y como horizonte de la curiosidad. Y a veces también como un camino
hacia el olvido, no de los otros sino de uno mismo. El habitar un letargo, el hacerse a
un lado y habitar en la periferia de lo que es considerado importante, de lo histórico,
de lo literario incluso.
***
EH: Yo también me río mucho [al leer] El día que la vea la voy a matar. Eres un escritor
muy humorístico. Al leer tu obra en orden me da la impresión que tal vez podríamos
inventar una etiqueta mejor que literatura basura. Me parece significativo un diálogo
en Clarisa ya tiene un muerto, justo cuando el protagonista confiesa “le pregunté sólo por
morbo” (206). ¿Qué es ese morbo? ¿Será un término más exacto que basura, ya que esos
textos se van a reeditar algún día como obra completa?
GF: Es posible que el morbo—o la atracción hacia personas y acontecimientos
desagradables—sea parte de una literatura esperpéntica o hiperrealista. Yo tomé el
nombre basura del cineasta John Waters, quien creaba personajes totalmente alejados
de la ortodoxia. Excéntricos y desmesurados. Nada formales. Él lo llamaba cine basura,
como una forma de llamarle al cine popular, vulgar, y además enloquecido. Tomé ese
nombre porque en la época de la revista Moho, varios relatos de El día que la vea la voy a
matar se publicaron en sus páginas. Había en el aire de ese entonces un deseo
entusiasta de transgredir, de ser desmesurado, y sobre todo de renunciar al canon
literario; había que considerarse efímero, carente de valor para el futuro, auto
destructivo y anti-canónico. Por eso es que nombré a mis relatos literatura basura. Por
supuesto que el humor morboso está allí, lo morboso como una especie de curiosidad
malsana, un deseo de hurgar en la vida repugnante de algunos personajes. Ahora bien,
tal como lo explico pareciera que estoy recitando un manifiesto a la manera
vanguardista de principios del siglo XX, pero existía en los editores, artistas y
escritores de Moho la necesidad de mofarse y hacer escarnio de los seres humanos; y
de no detenerse en minucias o finuras del lenguaje. En consecuencia, preferíamos los
trazos gruesos, azarosos y muy disparatados a la hora de crear personajes o escenarios
urbanos. Reeditamos El día que la vea la voy a matar en Editorial Moho. Si soy honrado,
te diría que me satisface aún su contenido pero me siento alejado de los relatos.
Yolanda Martínez, mi mujer, coreógrafa y directora de la editorial, insistió en
publicarlos nuevamente después de veinte años. El pudor es importante en un escritor
que se respete. Reconocí mi humor en esas hojas e incluso cierto temperamento
fatalista y morboso, como bien señalas: un temperamento lúdico, turbio que todavía
me acompaña.
***
Continúa:


CORPSE WITH UMBRELLA, VERACRUZ, THE FRIENDSHIP OF STRANGERS.

 
Illustration by Florinda Pamungkas
ASYMPTOTE
Publica algunos textos del libro Elogio a la Vagancia de Guillermo Fadanelli traducidos al inglés por Alice Whitmore. (Corpse with Umbrella, Veracruz, The Friendship of Strangers.)

Aquí los textos
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