martes, 25 de agosto de 2020

BIOGRAFÍA


Guillermo Fadanelli nació en la ciudad de México en el Hospital del Sagrado Corazón ubicado en Calzada de Tlalpan. Un hospital que ha dejado de existir: ahora es un hotel. A los nueve años libra su primera pelea con los puños y un niño al que apodaban el Caperuza le parte la madre. A los once años, su padre lo mete a una escuela militar donde en lugar de corregirse se hace más cínico. A los trece gana su primera pelea después de un amplio historial de derrotas. A los dieciocho tiene su primer auto: un Rambler 67. Su primer viaje es a San Francisco a los veintiuno. Allí conoce a su tío Johnny, ex-combatiente de Vietnam, quien lo inicia en el arte de beber toneladas de cerveza. A principios de los años ochenta entra a estudiar Ingeniería y nunca obtiene el título porque evita entrar a clases. Aquí es cuando la literatura comienza a ser interesante para él. En Ingeniería conoce a Yolanda Martínez y al lado de un grupo de amigos funda la revista Moho. Su primer libro se titula El día que la vea la voy a matar publicado por editorial Grijalbo. A principios de los noventa cuida árboles de Navidad en la esquina de la 87 y la Segunda Avenida de Nueva York: le pagan 1,500 dólares. Después trabaja como dependiente de una pastelería en Madrid; no recibe sueldo, pero a cambio de su trabajo le dan techo y alimentos. Vive en Berlín un año y se sorprende que sirvan tibia la cerveza. También se interesa en la biografía de los Hohenzollern. En Bogotá y La Habana hace buenos amigos. En Lima deja plantada a la prensa (un diario anuncia su desaparición y posible secuestro) y en Graz va a beber con el director del Museo de Criminología. Ha publicado varias novelas y se aferra a seguir al frente de Editorial Moho. Ya casi no tiene amigos porque los ha perdido con el pasar de los años. Y parece estar muy contento.

PRESENTACIÓN DE NOVELA EL HOMBRE MAL VESTIDO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentación de EL HOMBRE MAL VESTIDO, nueva novela de Guillermo Fadanelli

27 de agosto 19hrs

 

Charlan: Rodrigo Marquez Tizano, Mariana Hernández y Guillermo Fadanelli

 

Transmisión en vivo por:

Facebook: Editorial Almadía

Feria del Libro de la Frontera
Feria del Libro de Chihuahua

 



 

lunes, 24 de agosto de 2020

ESCRIBIRÉ PROSA Y LE LLAMARÉ POESÍA

 


ESCRIBIRÉ PROSA Y LE LLAMARÉ POESÍA. Entrevista con Guillermo Fadanelli. Realizada por Héctor Iván González.
**Esta conversación recorre un abanico de lecturas y experiencias que animan:
EL HOMBRE MAL VESTIDO (Editorial Almadía, 2020)
La novela más reciente de Guillermo Fadanelli, que comienza a llegar a mesas de novedades y plataformas digitales. “Con más de treinta títulos que transitan además por el ensayo, el cuento, la crónica, esta ruta incluye de manera decisiva el gusto y la inclusión, como elementos perfectamente compatibles, de los territorios de la poesía y la filosofía, en una escritura que desborda las fronteras entre géneros.” El Cultural La Razón

 

Ver entrevista completa: https://www.razon.com.mx/el-cultural/escribire-prosa-le-llamare-poesia-398914?fbclid=IwAR2Bhbhy4PL5zWpEeuxngFUpFJJNwOLYtDMfkjAH0S2LxwfFz_0AIiVq1mo

 

#ElHombreMalVestido

UN ROUND CON GUILLERMO FADANELLI

 


“No hay referente literario en México que se le compare, ni pluma que pueda atiborrarse de su tintero. Sólo algunas boxeadoras en el extranjero le confrontan, únicas en acarrear su furia, novelistas de descendencia Punk y anarquista, como lo son Kathy Acker o Virginie Despentes, que con sus novelas ‘Aborto en la escuela’ (1987) y ‘Lo bueno de la verdad’ (2001), alcanzan la imaginería y la fiereza de ‘El día que la vea la voy a matar’ (1992), obra de un escritor que no le tiene miedo a los sentimientos (como diría Fante de Bukowski). Le siguen otras mujeres, no menos interesantes: Easton Ellis, Von Kern Kleist, Raúl Núñez y Boris Piniak, y hasta ahí, porque Guillermo Fadanelli es un estilo literario, una isla en sí mismo, desierta ahora, al sur de Oaxaca…”

UN ROUND CON GUILLERMO FADANELLI, entrevista a Guillermo Fadanelli
por Mixar Lopez en Revista Juguete Rabioso
 

 

Ver entrevista completa:

https://juguete-rabioso.com/…/un-round-con-guillermo-fadan…/
#guillermofadanelli

Ver libro EL DÍA QUE LA VEA LA VOY A MATAR: aquí

miércoles, 17 de junio de 2020

LA MENTIRA HUMANISTA EN PARED


"Un escrito mío, de mi columna en El Universal, encontrado en una pared en Montevideo. Me la envía mi amigo el cineasta Federico Cote. Callejero siempre he sido"
               
Guillermo Fadanelli











lunes, 20 de abril de 2020

ARTE Y LIBERTAD

Me gustaría tener una mascota para hacerle un comentario cada vez que se me ocurre alguno. La mascota, en caso de estar versada en los vaivenes de mi voz, me escucharía como si se tratara de un cómplice incondicional, movería la cola mostrando así su aprobación, y su paciencia sería señal de entendimiento. ¡Qué buen diálogo tendríamos! ¡Podríamos hasta formar una agrupación política! Ensayaríamos una dialéctica falsa, y el espíritu de una razón concluida se elevaría por encima de nosotros. Rodearse de seres que no piensan o carecen de cultura o afición reflexiva es cómodo, sólo que a la larga son tales seres quienes nos devolverán a las cavernas. Siempre he dado por supuesto que los distinguidos políticos, cualquiera que sea su rango, son los sirvientes de la población y que sólo sus buenas acciones y su discreción tendrían que llamar la atención. Su expresión pública tendría que estar ligada a sus funciones, puesto que la orientación ética del gobierno para el que trabajan tendría ya que estar definida. ¿Cómo es que puede llamar la atención el discreto contemporáneo? ¿Hasta qué punto afecta en lo social la pasividad política del artista?
     Hay quien se opone o desprecia la práctica del arte sin antes intentar definir de lo que trata tan “extraña” palabra o concepto. Aunque ya lo he escrito tantas veces, vuelvo a la descripción que Jürgen Habermas (1929) hizo de la finalidad que Friedrich Schiller (1759-1805) adjudicó al arte: “Schiller proyecta una utopía estética que atribuye al arte un papel revolucionario en lo que atañe a las relaciones sociales. No es a la religión, sino al arte al que compete operar como poder de cohesión y unión social, pues él lo entiende como una forma de comunicación que interviene en las relaciones entre los seres humanos”. Herbert Marcuse comprendía también el arte de esa forma, y lo hizo explícito cuando escribió, para atenuar el impulso de un marxismo (no de toda la filosofía marxista) depredador de la diferencia, impositivo y obsesionado con la producción industrial de bienes: “Un final del arte sólo cabría concebirlo en una situación en que los hombres ya no fueran capaces de distinguir entre el bien y el mal. Se trataría de un estado de completa barbarie en el cenit mismo de la civilización”. Tanto Schiller, como Marcuse y Habermas comprendían —a su manera— el arte como una forma de relación y comunicación que tendía hacia la armonía dentro de una sociedad formada por distintos sujetos. Incluso si el que se dice artista es un loco o un solitario, un insolente o un bravucón no hace más que expresar su singularidad y su diferencia, su ser particular, su soledad y su noción de lo que el arte mismo le permite (si lo hace con talento o gracia). Y tal cosa es un bien social o armónico en sí mismo. Uno sólo de estos artistas es más valioso para la armonía social que, por ejemplo, un grupo de políticos intentando lucrar con nuestra desesperanza para escalar socialmente, llenarse los bolsillos y obtener más poder para así humillar, valer como sujetos u hacerse de un lugar en el mundo. El arte es libre por naturaleza y lo que es más importante no es su manipulación, sino su provocación y estímulo. El arte es social per se, no requiere que se le imponga una dirección, es humano en todos sentidos y debido a ello es confrontación y crítica, pese a que también pueda ser ensimismado, solitario y mudo en apariencia. Marcuse (1898-1979), poco antes de morir se mostraba muy decepcionado porque la gran riqueza social existente no atenuaba la pobreza ni la deshumanización imperantes. Como sabemos, la Escuela de Frankfurt, a la que él perteneció, fue una opción a ciertos aspectos de un marxismo inhumano, tiránico y mecánico que esta escuela intentó atenuar por medio del arte, el erotismo, el inconsciente, etcétera. Para Marcuse el capitalismo tendría sentido cuando se eliminara el envenenamiento de la atmósfera o entorno vital, cuando el capital pudiera expandirse de forma pacífica, cuando el abismo entre el pobre y el rico fuera reduciéndose continuamente y el progreso técnico sirviera al crecimiento de la libertad humana. Es muy posible que el sólo hecho de nombrar a Marcuse despierte en muchos lectores la desconfianza y la sospecha de una ideología trasnochada de hace más de medio siglo. Sin embargo, yo leo esta afirmación y su actualidad me avergüenza. El hecho de que la cultura y el arte sean despreciados o se les quiera dotar de una dirección social o cultural predeterminada es un dislate imperdonable, es volver a comenzar desde ningún lugar haciendo a un lado la tradición humanista, social, imaginativa, heterogénea y creativa que caracterizan a esta clase de expresiones. No se puede dirigir o controlar al arte: va contra su naturaleza y su esencia creativa y humana. Alain Touraine (1925), en su Crítica de la modernidad escribió: “Habermas intenta reencontrar lo universal a partir de culturas y personalidades particulares. Yo busco reencontrar la libertad creadora del sujeto contra la dominación individual y colectiva por parte de los aparatos que poseen el dinero, el poder y la información. Estoy contra la lógica de esos sistemas”. Touraine, recién fallecido, fue un filósofo que apreció la disidencia, la creación individual, la filosofía para hacer la crítica de los sistemas dogmáticos. Ahora nos llena de vergüenza que funcionarios que, supuestamente, vienen a remendar los pecados o fallas del liberalismo salvaje, cometan las mismas sandeces y abruptas equivocaciones del fascismo, y de la maquinaria capitalista que carece de horizontes éticos para la mayoría y los menos protegidos. Quien ataca o centraliza el arte, en vez de estimular su dispersión, autonomía, creatividad y crítica, lo quiere someter como a un perro. Y ello nunca ha sido posible, si no es a partir de la represión, el asesinato, la cárcel o el exilio. Los artistas no se callan y cuando lo hacen ante un poder controlador y centralizador es porque se amedrentan o son reprimidos, o sus obras no tienen nada que ver con la política, o se han convertidos en exiliados de lo social. El arte es un cúmulo de excepciones.     
     Toda sumisión del arte por parte de un poder va contra la libertad individual y colectiva. Saberlo es hacer una suma elemental. Me detengo; es momento de hablar con mi mascota.   

   
Guillermo Fadanelli
 



viernes, 10 de enero de 2020

Entrevista por Alejandro García Abreu



Entrevista con Guillermo Fadanelli

La razón naufraga ante el dolor

Miedo / panóptico / Septiembre de 2019

                                                                           Alejandro García Abreu


“¿Qué se hace con los recuerdos, Fandelli?”, se cuestiona el narrador y protagonista de la más reciente novela de Guillermo Fadanelli (Ciudad de México, 1963): Fandelli (Cal y Arena, 2019), “que parece ser biográfica y que sólo en algún sentido lo es”. El escritor narra la vida del “granuja, macilento y necio Willy Fandelli”. Una suerte de juego de espejos autobiográfico constituye la novela. En entrevista, Fadanelli conversa sobre el arte de la memoria como un juego a posteriori.

Pregunta:
“El fracaso es lo más hermoso que nutre la tierra, es una verdadera huella humana”, escribiste en Fandelli. ¿Qué significado le das a la literatura del fracaso, incluido el sentido beckettiano: “Todo de antes. Nada más jamás. Jamás probar. Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”?
Fadanelli: Creo que todas aquellas corrientes filosóficas (existencialismo), artísticas (dadaísmo), literarias o de escritores que han abrevado en el fracaso, en la miseria moral y ambigüedad humanas, o en el sinsentido de nuestros actos (Thomas Bernhard, Emil Cioran, Samuel Beckett, etcétera), no hacen más que recordarnos o enfatizar el supuesto de que hemos sido lanzados al mundo sin ningún objeto o finalidad, y de que nuestro horizonte se encuentra dominado por el ineludible acecho de la muerte. Es decir, por la constante angustia provocada ante la posibilidad de cesar, de ya no estar. Y tal angustia da sustancia a cierta clase de creación artística. Por supuesto se trata de una postura romántica, en tanto que el romanticismo no es sólo una tendencia histórica determinada (aunque haya prevalecido en un par de siglos específicos), sino un rasgo esencial del carácter y del temperamento humanos. Isaiah Berlin escribió que si llevamos el romanticismo a sus últimas consecuencias termina siendo una forma de demencia. Yo estoy de acuerdo; sin embargo, creo que los ideales o las utopías son ridículos o demenciales per se, de allí su valor y su consistencia. Todas las certezas lo son a medias y es allí donde se impone el sentimiento trágico en una región de la literatura. Así, autores como Imre Kertész, Cioran y otros consideraron abominable la búsqueda del éxito, la cual les resultaba en sí burda, ordinaria y pírrica.
Continúa leyendo: https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/cf026844-33ad-40c5-b0cc-7b81c3e01273/la-razon-naufraga-ante-el-dolor

jueves, 9 de enero de 2020

Premio Mazatlán de Literatura 2019



El escritor Guillermo Fadanelli gana, por unanimidad, el Premio Mazatlán de Literatura 2019.

Ciudad de México, 16 de febrero (SinEmbargo).– El jurado del Premio Mazatlán de Literatura ha decidido otorgar este sábado, por unanimidad, el premio 2019 al escritor Guillermo Fadanelli.
Con esta distinción, el jurado desea destacar el valor de una obra profundamente original dentro de la literatura mexicana contemporánea, pero además diversa: cuento, novela, ensayo y aforismos; más de 25 libros publicados.

Nota completa: https://www.sinembargo.mx/16-02-2019/3537501